En Argentina practicamos la “siembra directa", es decir, no aramos la tierra. El arado resulta en la pérdida de la humedad natural y el suelo queda expuesto al sol y al aire, degradándolo. En su lugar, sembramos los cultivos en una estricta rotación asegurando que siempre se incremente el contenido de carbono del suelo. En el futuro, los gobiernos podrían presentar normas que impongan una práctica agrícola sostenible para evitar la desertificación de la tierra y producir el volumen de alimentos que demanda el mundo."
Robin Begg, Ingleby Argentina